Cerrito, un pueblo sumergido en el luto

Enero 26, 2012 – 2:40 pm

La muerte de Alexis Céparo no encuentra explicación en los vecinos de la pequeña localidad del departamento Paraná. La víctima y el agresor, conocidos desde la infancia, protagonizaron el hecho más triste que se conozca en la comarca. EL DIARIO habló con vecinos y amigos. En la Justicia se animaron a trazar un perfil del autor de la tragedia.

Todo está paralizado. Pasaron 15 minutos de la una de la tarde. La ciudad parece desierta. Un asesinato interrumpió la vida cotidiana de un pueblo que no tiene memoria de un hecho similar. A las 2.40 de la madrugada de ayer llegó el final y fue el peor: falleció Alexis Céparo luego de haber sufrido disparos en la noche del sábado, de quien fuera su compañero de la escuela. Tenía 22 años. Murió en la unidad de terapia intensiva del Hospital San Martín. Allí resistió hasta lo último. El joven futbolista no toleró la intervención quirúrgica. (Ver recuadro)
La noticia llegó a Cerrito casi al instante. La cadena de mensajes de textos hizo que durante la misma madrugada de ayer empezaran a peregrinar a la sala de velatorio municipal, familiares, amigos, vecinos, profesores. Todo el mundo.
La siesta estaba en silencio. El escaso tránsito de autos hacía notar aún más el clima de consternación que se vivía por esas horas. Un nene, de 13 años, desde la vereda de enfrente a la sala en donde se lo velaría a Alexis, miraba desconcertado. EL DIARIO le preguntó si lo conocía, y el chiquito respondió, tímido, que sí. No era amigo, pero solía jugar al fútbol con Alexis en el Polideportivo.
El silencio incomoda a los visitantes, a los que fueron a hacer una cobertura periodística. El pibe que fue asesinado contaba con todos los atributos de un buen ciudadano, de un buen vecino. Lo describen como humilde, sano y alegre.

LÁGRIMAS. La esquina de las calles Paraná y Lavalle de Cerrito es el lugar de encuentros. Todos se saludan, se abrazan, se acarician. Un pequeño sollozo se percibe de lejos. Cada tanto van llegando familiares y los llantos aumentan en volumen y en intensidad. Todas las emociones alcanzan su punto superlativo cuando a una cuadra se percibe la ambulancia que trae los restos de Alexis. Son las 13.35. La traffic se mete por un garaje de la sala. En la puerta, estaciona el auto de los padres. La gente se les acerca en silencio y lentamente. La imagen es intolerable. La madre explota en un llanto. El dolor es indescriptible. Pasan unos minutos, que para todos los presentes son horas.
En el pueblo los comentarios acerca de las causas que pudieron llevar a que Adrián Molaro disparara su pistola se repiten. Dos versiones suenan con fuerza: una mujer pudo haber sido el móvil y; la otra, una deuda por la venta de un auto. Pero en esa esquina nada dice nada. El desconsuelo no deja espacios para las conjeturas. Cuando EL DIARIO se hizo presente en el lugar dos personas se acercaron a unos de los cronistas para pedirle si se podía “apartar” del lugar. “Lo que pasó es muy fuerte para todos nosotros, en Cerrito somos una gran familia”, justificó el hombre que hizo la sugerencia.
Los comercios decidieron no abrir en todo el día. El intendente Orlando Lovera no tenía explicaciones sobre el hecho. Hace 60 años que no se conocía un hecho así.
“Acá estamos todos de luto; ahora hay alguien que no está más y hay dos familias muy queridas que están destruidas”, dijo a esta Hoja, uno de los presentes en el velatorio. Con los ojos húmedos y la voz quebrada manifestó lo que todos repiten: “Nadie entiende que pasó, no hay explicación para tanto horror”. El desconcierto es lugar común. “Nos conocemos todos, estamos muy impactados, no nos entra en la cabeza que dos chicos jóvenes puedan ser protagonistas de esta tragedia”, completó.

RECUERDOS. Los Molaro son gente conocida, el padre regentea una empresa constructora. Nadie quiere hablar de ellos cuando se pregunta. Su casa está custodiada. Sobre el hijo que no aparece todo es un misterio. Lo describen como “un chico cerrado, que no habla con mucha gente”. (Ver perfil)
El papá de Alexis es periodista y está a cargo de la radio FM 100. Su hijo seguía sus pasos, junto a su madre, que también colaboraba con la producción periodística que Céparo tenía en el canal de cable de la localidad.
Dentro de la sala de velatorio, el dolor cortaba la respiración. En la cabecera, sus dos hermanas, de 20 y 11 años, sostenían a su mamá. A un costado, tirado sobre una silla, el padre permanecía con la mirada perdida.
“Se me murió un hermano”, dijo Jonathan, amigo de Alexis desde que tenían tres años. Los dos hacían juntos un programa radial. Precisamente, el lunes pasado, Domi, como lo apodaban todos, iba a retomar la emisión, después de sus 15 días de vacaciones.
“Es una locura, no lo podemos creer, veo todo esto y no caigo, siento que me tengo que despertar de esta pesadilla”, insistía Jonathan, que junto a Néstor y Adriel mantenían la vigilia afuera de la sala. En el cordón de la vereda y en los canteros, cientos de chicos despedían a su amigo.
Nadie conocía que Alexis haya tenido algún inconveniente con Molaro. “Domi me contaba muchas cosas y jamás me mencionó que tuviera algún problema”, señaló. “Es que él no tenía problemas con nadie, pedía permiso hasta para hablar”, interrumpió Néstor.
El sábado a la noche sus amigos estaban en Villa Urquiza. Hasta allí llegaron para participar de la Fiesta de la Playa. Estaba previsto que Alexis los acompañara, pero se quedó porque iba a participar de un torneo de beach voley clasificatorio, que en los primeros días de febrero se llevará a cabo en Cerrito.
El viernes habían estado juntos en el Polideportivo, en una fiesta en la que Alexis ofició de disc jockey. En una mesa, con un amigo, también estaba Adrián Molaro.

Fuente: El Diario

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